Los
óxidos pueden ser compuestos iónicos
o covalentes dependiendo de la posición
que ocupa en la tabla periódica el elemento
con el que se combina el oxígeno. Los
óxidos de los elementos situados a la
izquierda son iónicos, los de los elementos
situados a la derecha y en la parte superior
de sus grupos son moléculas covalentes,
y con los elementos de la parte central de la
tabla el tipo de enlace que se forma es intermedio.
La
mayor parte de los óxidos de los elementos
no metálicos existen como moléculas
covalentes sencillas y sus puntos de fusión
y ebullición son muy bajos. Estos óxidos
reaccionan con el agua para dar ácidos,
por lo que también se les conoce como
óxidos ácidos.
Los
metales con energías de ionización
bajas tienden a dar óxidos iónicos
que reaccionan con el agua formando hidróxidos,
y se les denomina por ello óxidos básicos.
Al aumentar la energía de ionización
de los átomos metálicos, el carácter
de los enlaces metal-oxígeno es intermedio
entre iónico y covalente y los óxidos
muestran características ácidas
y básicas, por lo que se les conoce como
óxidos anfóteros.
Si
se comparan los óxidos que forman los
elementos del tercer periodo de la tabla periódica,
se pueden diferenciar en ellos los tres tipos
de óxidos mencionados. El sodio y el
magnesio, los elementos de mayor carácter
metálico, forman óxidos básicos
y sus disoluciones acuosas son alcalinas. Los
elementos no metálicos como el cloro,
azufre, fósforo y silicio, forman óxidos
covalentes y sus disoluciones acuosas tienen
carácter ácido. Por último,
el aluminio forma un óxido anfótero
cuyo carácter ácido o básico
depende del medio en el que se encuentre.