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Cerio,
de símbolo Ce, es un
elemento metálico, blando y gris, el
más abundante de los elementos del grupo
de los lantánidos; su número atómico
es 58.
Fue
descubierto en 1803 por los químicos
suecos Jöns Jakob Berzelius y Wilhelm Hisinger
y, el mismo año, independientemente,
por el químico alemán Martin Heinrich
Klaproth; el elemento metálico puro no
fue aislado hasta 1875.
El
cerio ocupa el lugar 26 en abundancia natural
entre los elementos de la corteza terrestre.
Se combina con otros lantánidos en la
monacita, que se encuentra ampliamente distribuida
por todo el mundo. También se da en los
minerales de cerita, encontrados en Suecia,
y en la allanita, encontrada en Groenlandia
y en Estados Unidos. El cerio es el único
metal de los lantánidos que puede separarse
fácilmente de los demás. Tiene
un punto de fusión de 798 °C, un
punto de ebullición de 3.443 °C,
y una densidad de 6,77 g/cm3; su masa atómica
es 140,12.
El
cerio metálico se encuentra principalmente
en una aleación de hierro que se utiliza
en las piedras de los encendedores. El óxido
de cerio se empleaba antiguamente en la fabricación
de camisas de lámparas de gas. Los compuestos
de cerio se usan, en pequeñas cantidades,
para la fabricación de vidrios, cerámicas,
electrodos para arcos voltaicos, y células
fotoeléctricas. El nitrato de cerio se
ha utilizado en el tratamiento del mareo y del
vómito crónico. El sulfato de
cerio se usa como agente oxidante.
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