Amoníaco,
gas de olor picante, incoloro, de fórmula
NH3, muy soluble en agua. Una disolución
acuosa saturada contiene un 45% en peso de amoníaco
a 0 °C, y un 30% a temperatura ambiente.
Disuelto en agua, el amoníaco se convierte
en hidróxido de amonio, NH4OH, de marcado
carácter básico y similar en su
comportamiento químico a los hidróxidos
de los metales alcalinos.
El
amoníaco era conocido por los antiguos,
quienes lo obtuvieron a partir de la sal amónica,
producida por destilación del estiércol
de camello cerca del templo de Júpiter
Amón en Libia (de ahí su nombre).
En Europa, durante la edad media, el amoníaco
se obtenía calentando los cuernos y pezuñas
de bueyes, y se llamaba espíritu de cuerno
de ciervo. El alquimista alemán Basil
Valentine obtuvo el amoníaco libre, y,
en torno a 1777, el químico francés
Claude L. Berthollet determinó su composición.
En
el siglo XIX, la principal fuente de amoníaco
fue la destilación de la hulla; era un
derivado importante en la fabricación
de los combustibles gaseosos. Hoy, la mayoría
del amoníaco se produce sintéticamente
a partir de hidrógeno y nitrógeno
por el proceso de Haber-Bosch (véase
Fritz Haber). El amoníaco es un refrigerante
importante y se usa mucho en la industria química,
especialmente en la fabricación de fertilizantes,
ácido nítrico y explosivos.
Su
punto de fusión es -77,7 °C, su punto
de ebullición -33,35 °C, y tiene
una densidad relativa de 0,68 a su temperatura
de ebullición y a 1 atmósfera
(760 mm Hg) de presión.
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