El
material por excelencia para la elaboración
de adoquines es el granito, muy abundante en
la naturaleza. El granito ofrece resistencia
al desgaste producido por el tráfico
peatonal y rodado, y presenta facilidad para
ser trabajado. No obstante, también se
utiliza basalto, cuarcita o pórfido para
la elaboración de adoquines.
Los
adoquines empezaron a utilizarse de una forma
sistemática en el siglo XVIII para pavimentar
calzadas, siendo afamados y abundantes los canteros
franceses ante la demanda generada de pavimento
para la construcción de los grandes bulevares
urbanos de la época napoleónica,
ampliamente dimensionados para permitir la circulación
de la artillería por la ciudad.
Por
extensión se comenzó a utilizar
en las vías y caminos públicos,
surgiendo las primeras carreteras con el pavimento
de adoquines (pavés).
En
la actualidad se utilizan más como objeto
de recuperación de una artesanía
perdida, y la mayoría de las veces se
usan en recintos peatonales y no para el tráfico
rodado. Al mismo tiempo, se ha sustituido el
adoquín de piedra natural por un equivalente
artificial fabricado con cemento y otras pastas
o resinas, a los que incluso se puede añadir
un colorante para mejorar el aspecto estético.